miércoles, 20 de julio de 2011

La primera entrada

De nada sirve que el ser humano huya de todo lo que le hiere, de todo lo que le duela o de todo a lo que le tenga temor. No funciona, sencillamente, porque todo lo que hiere, duele o inspira temor siempre está ahí, a toda hora, en todo lugar y en toda persona, incluso en aquellas que menos imaginamos.

En el propio trabajo siempre estarán los compañeros jodones, que tal parecería que su único pasatiempo es importunar, molestar. En la propia escuela, nunca falta el presuntuoso, el creído, el bravucón, el cretino o el normalizador, que harán todo lo que esté a su alcance para amargar la existencia a quienes ellos consideran "distintos". En el propio hogar, incluso en las "mejores familias", la incompresión, la falta de comunicación o en los peores casos la agresión, estarán presentes; en teoría el hogar sirve de refugio a los seres humanos que se ven aquejados por su entorno aplastante, en la práctica eso solo ocurre a veces, porque en otras más uno lo percibe como el sitio más inseguro de todos. En la propia sociedad no pocas veces nos podemos encontrar con que ejerce una presión en nosotros sobre "como deberíamos ser" según la mayoría (o "como no deberíamos ser" según los otros), a según "lo que hacen todos" o a según lo que los demás "quieren que seamos"; cualquier intento por ir en contra de la corriente es pesado, incluso aunque nuestra forma de ser no le implique ningún peligro real a los demás (y que por el contrario, enriquezca el entorno con la diversidad) a veces basta esa sola diferencia para que los demás se "den el permiso" de poner en riesgo nuestra propia integridad física y mental. Incluso, la vida en sí misma está llena de eventos terribles, como el hecho de la muerte, las enfermedades, los fenómenos naturales y las meteduras de pata humanas (llamense guerras, pobreza, discriminación, etc).

Como ven, a cualquier lugar que vayamos y nos paremos, a cualquier hora y en cualquier persona, encontraremos ese tipo de situaciones siniestras que llevan la etiqueta de "cuidado"; y ni modo de ir cancelando nuestros andares y proyectos, si están en todos lados de nada sirve correr o esconderse.

Si, vivir apesta. Por ello el ser humano ha ideado tres formas para hacer frente a las siniestralidades cotidianas: el suicidio, el engaño y el pensamiento crítico.

Lejos de cualquier moralina de cualquier tipo, personalmente no me decantaría por el suicidio, ya que si bien es cierto que la vida apesta, no todo lo que hay en ella es pestilencia, o podredumbre. Pese a la discriminación, la pobreza o las malas actitudes que uno pueda encontrarse en el camino, también a uno le consta que hay cosas (y no son pocas) bastante buenas que bien valen la pena. Esos avances tecnológicos que facilitan la existencia y divierten, esos paisajes naturales que alguna vez nos sobrecogieron, esa sonrisa de ese alguién especial que nos gustó, las grandes obras de arte, ese platillo delicioso, la camaradería y la amistad, el amor... todo eso que hace que, nos conste, vale la pena seguir viviendo. Vida hay una sola, irrepetible, hay cosas maravillosas y hay que aprovecharlas.

El engaño, esas huidas de la realidad, promesas huecas de que todo lo malo se desvanecerá con algo tan sencillo, incluso hasta el evento más traumático que pueda haber en la existencia misma. Como anestesia o paliante el engaño puede funcionar, a fin y al cabo si es una mentira blanca ¿que daño puede hacer? El problema es que el engaño no solo no soluciona los problemas que aquejan al ser humano, sino que adormece la mentalidad del mismo ante ellos (es un paliante para ello, a final de cuentas) hasta el punto de la negación, de no detectarlos, lo que nos da problemas sigue estando ahí, haciendose cada vez más grande y lastimandonos cada vez más. En definitiva, no es una de las mejores invenciones humanas contra los problemas.

Luego, queda el pensamiento crítico. El análisis de los problemas. Plantearles una solución. En otras palabras, dejar de huir de ellos, ponernos frente a ellos, analizarlos, encararlos y enfrentarlos hasta vencerlos con dignidad. La sola idea puede sonar de entrada atemorizante, pero por el momento es la mejor forma en que nosotros, seres humanos, podemos luchar contra todos los problemas que nos aquejan, y tener acceso a esas maravillas que deseamos ver, tocar, sentir, oler o degustar...

La pregunta del millón de dolarés es ¿Como tenemos que encarar a cada problema que se nos presente? Cada uno tiene su solución en particular y, de ello, nos encargaremos, ustedes y yo, siempre juntos, de encontrarle una solución. Se los garantizo. Tendremos miedo a plantarles cara, es inevitable, pero permaneciendo juntos y unidos, veceremos.

Sean bienvenidos tofos ustedes!! :-)